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L’experiència a la Guerra d’Àfrica de Llorenç Pons Text i fotos: Pere i Esperança Pallicer Pons

Grup de soldats a la guerra. En Llorenç Pons és el segon per la dreta, dels asseguts a terra.

Aquest estiu es commemoren els 100 anys de la guerra d’Àfrica i em recuperat els escrits del nostre avi Llorenç Pons Pons, on explica la seva experiència a la guerra. Aquí n’hem volgut recollir alguns fragments, una molt petita part del que va escriure donant testimoni del que havia viscut.

Un poc d’història:

Quan Alfons XIII va ser coronat Rei el 1886, Espanya encara era considerada una potència amb colònies a Amèrica, Àfrica, Àsia i el Pacífic. A principis del segle XX, només retenia Guinea Equatorial i possessions a la costa marroquina. Per compensar aquestes pèrdues tan importants, la Corona va voler potenciar el colonialisme a l’Àfrica. Va comptar amb el suport de l’Església i dels comandaments militars, que ho feien per ascendir en la seva carrera,com van fer Francisco Franco i Miguel Primo de Rivera.

Al Tractat de Fez (1912), França i Espanya es van repartir el Protectorat del Marroc. França es va quedar amb la zona sud i Espanya amb una àrea muntanyosa al nord d’uns 20.000 kilòmetres quadrats. La zona espanyola era rica en mines de ferro i l’estat es dedicà a la seva explotació.

Després d’anys de tensions i de conflicte armat pel control del territori, l’any 1921 es va produir el conegut com a Desastre d’Annual. L’exèrcit espanyol va perdre uns 13.000 soldats en dues setmanes i acabà cedint les posicions que va guanyar el 1909 a la regió, tret de Melilla. Les responsables van ser les milícies d’Abd El-Krim. A finals d’estiu de 1921 Espanya concentrà 36.000 soldats a Melilla per a recuperar el territori perdut. La gran majoria eren de famílies pobres. Els rics, en bona part, compraven llocs allunyats de la primera línia de foc als seu fills o els substituïen per joves sense recursos a canvi de diners.

La Guerra del Rif pròpiament dita es concentrà entre els anys 1924 i 1927, ja amb el dictador Miguel Primo de Rivera com a cap de l’Estat i amb bona part de la societat contrària a la intervenció per l’elevat nombre de baixes d’un conflicte dur, cruel i car. L’atac a soldats francesos a la frontera del protectorat espanyol va fer que França s’impliqués i va fer decantar la victòria cap als colonialistes.

Molts menorquins van ser destinats al nord d’Àfrica en algun moment del conflicte. 32 d’ells hi van perdre la vida. No va ser el cas, miraculosament, de Llorenç Pons Pons (nascut el 8 de febrer de 1898). El jove ferrerienc, que havia fet de missatge i carboner amb son pare, va ser enviat al Rif un any després de començar el servei militar. Allà, el seu treball era el subministrament d’armes amb un carro arrossegat per cavalls. Després dels 9 mesos que va ser fora de Menorca, va escriure un diari personal explicant les espantoses experiències que va viure. A terres marroquines va coincidir amb tres ferreriencs més: Bep Marquès, Tòfol Marquès i Vicent Pons. Va acabar el servei militar, condecorat amb tres medalles a l’honor, poc abans de les festes de Nadal de 1922.

A continuació trobareu transcrit part del seu diari personal:

-2 de setembre de 1921:

Diana a las 3 de la madrugada. Preparación de caballos para embarco en el Puerto de Mahón. Eran 230 con su correspondiente atalaje. También carros y el equipaje de los 200 soldados. Formamos en el muelle y nos dieron un obsequio de 33 pesetas a cada uno, fruto de una colecta hecha en Mahón. Después unas señoritas nos entregaron un escapulario de la Virgen a cada uno. Había mucha gente para despedir a sus hijos y novios. No se oían más que sollozos y se veían muchos abrazos. De mi família no vino nadie a despedirme. Creo que fue mejor así, estuve más tranquilo. Cuando estuve para subir al barco una mujer de avanzada edad me dijo: “tú eres de Ferrerías!” – “Sí señora, soy de dicho pueblo”. Me entregó una bolsita y me dijo: “te la pones en el cuello y te aseguro que volverás sano y salvo”. Antes de regresar lo perdí y nunca supe más de esa señora. Fue verdad que regresé sin novedad a pesar de oír silbar muchas balas a mi alrededor.

-5 de setembre de 1921:

Serían las 6 de la mañana cuando descubrimos el Puerto de Melilla. Pasadas unas dos horas ya queda todo listo para el desembarque. Las balas disparadas desde el Monte Gurugú llegaban al muelle. Ningún soldado fue herido por suerte aunque caían muchas a nuestro alrededor. A las 5 de la tarde marchamos al campamento Alfonso XIII, cerca de Melilla. Allí pasamos la primera noche oyendo muchos disparos y silbar balas. Aquella noche parecía interminable.

-17 de setembre de 1921:

Se produce la toma de Nador, pueblo como Ferrerías pero sin habitantes. Estaba todo destruído. Ninguna casa estaba entera, ni la iglesia. La Guardia Civil resisitió hasta que se le agotó todo. Luego fueron asesinados cobardemente y el edificio incendiado, cosa que pude presenciar.

-21 de setembre de 1921:

Toma de Teganga, otro pueblo pequeño cerca de las grandes minas de Hierro, llamadas del Rif o de San Juan. Dentro de un chumberal encontramos dos depósitos de cebada que por orden del Capitán fueron llevados en 40 sacos. Al darse cuenta el enemigo comenzó una cortina de fuego que nos da por resultado 3 soldados heridos y 3 caballos muertos. Llevamos más de 15 días sin podernos cambiar la ropa a causa de la falta de agua. El paludismo se va abriendo paso en todos los cuerpos. El termómetro marcaría durante el día de 28 a 35 grados y durante la noche bajaría hasta los 0 grados.

-25 de setembre de 1921:

Toma de Tetuán. Muy triste porque de la salida de Nador empezamos a encontrar muertos y se podían contar por centenares en dicho pueblo. Otra destrucción.

-Finals de setembre de 1921:

Se toma Tuyma. Salimos por la carretera general que conduce a Zeluán, pero muy pronto tuvimos que abandonarla por intransitable. En Zeluán los cadáveres se podían contar por docenas. El enemigo no opuso ninguna resistencia. El mal olor era insoportable pues todos estos muertos llevaban más de dos meses tendidos en el suelo sin que una mano caritativa les diera sepultura. No había ninguna casa entera y a casi todas les faltaba el tejado.

Postal amb imatge de la guerra que va dur en Llorenç quan va tornar.
Postal amb imatge de la guerra que va dur en Llorenç quan va tornar.

-Octubre de 1921:

Acampamos en Melilla. Llevo varios días estando enfermo. No salgo de la tienda de los enfermos. Por fin, puedo ir al reconocimiento médico y con una camilla me llevan mis compañeros al hospital. La fiebre era tan alta que estuve varios días sin conocimiento. Pasé unos días rozando la muerte. Después el reverendo, que venía dos veces al día para consuelo de muchos, me lo contó todo. Entonces comprendí la gravedad por la que pasé. Al salir del hospital ingresó mi compañero Juan Coll (Ciutadella), que a mediados de diciembre entregaba su alma a Dios. Fue un golpe duro para mí porque entonces me encontraba sin ningún compañero de Menorca. José Marquès (Alaior) estaba en un hospital de Segovia. El otro menorquín, Bernardo Coll (Mercadal), no estaba en la línea de fuego como yo. Los cuatro nos llevábamos como hermanos.

-10 de octubre de 1921:

Toma del Monte Arruit. Aquí mi pobre entendimiento no podrá ponerlo en claro. Eran tantos los muertos que allí había, que se contaron más de cinco mil. Muertos que llevaban meses tendidos en el suelo con un olor que no se podía respirar. Toda la columna del General Navarro sucumbió en dicho sitio. Estuvieron sitiados 18 días hasta que se les acabó la comida, las municiones y el agua. Días más tarde pude ver como cuatro padres franciscanos iban recogiendo los putrefactos cadáveres con palas y con una camioneta los transportaban a un depósito donde recibieron sepultura.

-24 d’octubre de 1921:

Toma del Gurugú. Fue muy elevado el número de soldados que perdieron la vida. En nuestra columna estuvimos todo el día montados a caballo esperando la orden de salida pero no llegó, creo que la causa fue el terreno montañoso. Por la noche fui con unos compañeros a ver los muertos que estaban amontonados en un depósito.

-Desembre de 1921:

Nos trasladamos al Monte Arruit. Todos los días teníamos que salir de operaciones, a municionar baterías. En este tiempo fue la toma de Tistutín, un pueblo con una docena de casas. También tomamos otro llamado Batel. En todos estos sitios no encontramos ni gota de agua. Había algunos riachuelos pero era salada como el agua de mar. Llevaban los caballos 5 días sin beber y fuimos para que lo hicieran a 17 kilómetros de distancia. Al llegar a dicho sitio el agua también era salada y no bebieron. Por las noches en Monte Arruit me tocaba hacer guardia de noche, un día sí y otro no. Había unos animales llamados chacales que durante la noche ladraban lastimosamente. Los oíamos y parecían lamentos de personas moribundas. Esto, junto a estar tiritando de frío (las guardias las hacíamos en campo raso), ayudaba a que estas noches fueran aún más tristes. Parecían no tener fin.

-24 de desembre de 1921:

Todos nos creímos que sería día de descanso. Por la mañana pedimos permiso para ir a lavarnos la ropa interior en el río que había cerca del campamento. Llevamos meses usando la misma. Regresamos que serían las 11 y pronto tocan rancho. Tuvimos que salir sin terminar de comer. Fuimos a municionar unas baterías que estaban haciendo fuego encima de unos montes, muy lejos. Nuestros carros no podían llegar a dicho sitio por ser montañoso. Tuvimos que hacer cadena de hombres, pasando de uno a otro los materiales. Volvimos ya de noche. Esto fue la fiesta de Navidad que pasamos en 1921 en los malditos campos africanos, con todos los hospitales llenos de enfermos.

-9 de gener de 1922:

Estamos acampados en el Monte Arruit. Nos tocan diana a las 2. Tomamos cosa que parecía café. Me acuerdo que hace un frío muy grande y todo estaba blanco de hielo. Este día tenía que ser la toma de Dardrius pero a la mitad del camino los moros pusieron tanta resistencia que allí nos quedamos parados. Mi columna se paró detrás de un monte pequeño. Un servidor mandaba el carro número 1 y dice el capitán: “venga, el número 1 y los demás que se queden”. Tuve que partir. En el carro iban 6 caballos, 3 conductores, 4 soldados y 1 cabo. Cuando llegamos encima de una toma que hacía el terreno, nuestro capitán se paró para orientarnos. Entonces empezamos a oír silbar las balas, pero muchas. Caían por centenares, entre las patas de los caballos se veía el polvillo que levantaban al clavarse en el suelo. El capitán se había marchado sin darse cuenta de nada. Nos queda un caballo muerto enganchado con los demás y las balas seguían cayendo como si lloviera. Una hiere de gravedad al cabo y se lo llevan. Nos quedamos un servidor y otro compañero con un caballo muerto y dos heridos. Los apuros eran muy grandes. Con la ayuda de Dios quitamos los 4 caballos fallecidos y heridos y con los 2 míos partimos al galope. Al llegar a la posición mi compañero fue herido y me quedé solo para descargar las ciento y pico de granadas del carro. No podía llevar más de 3 cada viaje y tenía que andar unos 40 pasos cada vez. La posición era un cuadro con 4 cañones de artillería ligera y 3 baterías de montaña que tampoco paraban. Era un ruido ensordecedor. Parecía un infierno en la tierra. En la posición vi a un capitán de comandantes y a un teniente coronel. Uno gritaba y lloraba mucho. Un servidor me contaba por muerto y fue cuando me acordé de Dios nuestro señor. Prometí que si salía con vida respetaría este día como el más sagrado del año. Han pasado 40 años y en todos he ido a misa y a recibir la comunión tal día como aquel (ho va fer tota la vida fins que va poder). Pasaron unas dos horas y cuando terminé la descarga me dice el capitán: “Te marchas y que venga el carro número 2”. Pensé que moriríamos los caballos y yo pero cuando iba a partir llegaron 2 banderas de Tercio y se desplegaron haciendo retroceder a los moros. Un servidor montó a caballo, doy con el látigo a uno y con la espuela al otro y partí. Las balas ya eran más pocas. La palabra madre mía la oí muchas veces, porque el soldado cuando está herido lo primero que hace es llamar a su madre. Llegué donde estaban mis compañeros y viene un amigo y me abraza. “Creía que ya no nos veríamos más”, me dice. Estuvimos llorando los dos un buen rato. A mí me parecía imposible que estuviera vivo con tanto peligro como había pasado. Di la orden del capitán al teniente y me puse a encender la pipa. Regresamos al campamente a las 10 de la noche.

Postal amb diferents imatges de la guerra que va dur en Llorenç quan va tornar.
Postal amb diferents imatges de la guerra que va dur en Llorenç quan va tornar.

-18 de gener de 1922:

Me encuentro muy mal y voy al médico. Ese mismo día me mandan al Hospital de Melilla. Tuve que esperar el tren que pasaba a las 6 de la tarde. Me metieron en un vagón de mercancías. Una vez en Melilla nos llevan al Hospital Doque. Entramos en una sala y un comandante nos hace decir el mal que tiene cada uno. Vienen después unas monjas y nos dan un vaso de leche. Nos reparten en otros centros. A mí me tocó el Hospital de Santiago, barracón número 2, cama 81. Estuve allí 32 días, estando los primeros muy mal con calenturas muy grandes y mucha sed. Una monjita, por las tardes, nos hacía pasar el Santo Rosario. Me quedé con mucha hambre y no tenía dinero. Tuve que pasar con lo que me daban allí. Me vi obligado a pedir al médico que me diera el alta por no pasar más hambre. Hasta 8 días más tarde no me la dieron. Por las tardes salía a pasear. Cuando me recuperé volví al frente.

-Finals de gener de 1922:

En un bar de Ferrerías se abrió una suscripción para recaudar fondos y mandarnos un paquete postal para las Navidades. Como venía a mi nombre lo recibí a finales de enero. Había 4 barritas de turrón, 8 cigarros puros y 10 pesetas para cada uno de nuestros paisanos. Fue muy triste la llegada pues hacía poco tiempo que había muerto Juan Coll, otro estaba en la península y el otro en el Hospital. No obstante cada uno tuvo su parte y la del fallecido la recibió la familia.

-19 de març de 1922:

Acampamos en Tistutín en la festividad de San José. Dicho día son las 11 de la noche cuando llegamos al campamento todos rendidos de cansancio después de una jornada agotadora de 16 horas en marcha. Nunca he sabido lo que pasaría esta noche en el campamento. Lo cierto fue que al día siguiente faltaron los 20 mejores caballos que tenía la columna, entre ellos los 2 que estaban bajo mi responsabilidad. Nunca más se supo de ellos. Parece imposible que nadie se diera cuenta de nada, he pensado muchas veces el gran peligro que pasaríamos esa noche.

-10 d’abril de 1922:

Salimos para la toma de Candici. Quedamos acampados en dicho sitio la primera noche. Todo salió bien pero la segunda no fue igual. Un servidor estaba de guardia aquella noche y me tocaron las horas de 12 a 2. No había 10 minutos que me habían relevado cuando empezó el tiroteo. El que ocupó mi puesto fue herido aquel mismo momento. Nadie pudo dormir hasta que se hizo de día. Las siguientes 10 jornadas fueron iguales. Algunos soldados eran heridos dentro de las mismas tiendas de campaña.

-14 de maig de 1922:

Se toma la última posición. Se llama Timayats. No se derramó sangre. Me llamó la atención al cruzar algunos riachuelos la cantidad de ranas que en ellos había, y lo curioso es que había de todos los colores. También pudimos ver algunos ejemplares de serpientes de unos 6 decímetros de largo. Así mismo vimos correr algunas liebres que eran perseguidas por caballos, pero nunca vi que alcanzaran ninguna.

-17 de maig de 1922:

Salimos para Melilla después de 8 meses de campaña habiendo pasado toda clase de calamidades. Estaba a 90 kilómetros de distancia. Empleamos 2 días y medio para llegar hasta la ciudad. La alegría era general. Se veía en todas las caras. Pasados unos días ya se rumorea que no antes de fin de mes nos marchamos de África.

-22 de maig de 1922:

Viene el ordenanza del capitán y nos trae la gran noticia que volvemos a casa. No puedo con mi pobre entendimiento expresar la grandísima alegría que se apoderó de todos. Muchos lloraban de la gran alegría.

-25 de maig de 1922:

Tenemos los caballos en el muelle. Habíamos traído 230 pero entre muertos y heridos solo nos llevamos 29. Cuando todo estuvo cargado me cambié la ropa interior (había guardado una mudada limpia en la mochila). La que me quité la tiré al mar porqué allí había unos bichos, llamados piojos, que se metían en la ropa y todos estábamos llenos de esta porquería. No pudimos salir ese día por estar el mar muy enfurecido. Fuimos al cementerio a despedir a los compañeros que habían muerto y no podían regresar.

-26 de maig de 1922:

A las 5 de la tarde partimos rumbo a Mallorca en el barco General Segarra. Navegamos los días 27 y 28. El día 29 a las 5 de la tarde descubrimos la primera tierra mallorquina. Las emociones que pasé fueron muy grandes. El barco iba bien engalanado y cuando estuvimos frente a la bahía de Palma nos salieron dos aviones que empezaron a tirar coronas de flores. También empezaron a llegar embarcaciones de todas clases, grandes y pequeñas, con música en cada una. Cuando bajamos, nos habían puesto una alfombra de flores que comenzaba en el muelle y terminaba en la Catedral. Subió el señor Obispo al púlpito y nos dio la bienvenida. Cuando pasamos por las calles de Palma, de los balcones y ventanas, las mujeres nos iban tirando flores por todo el trayecto. Nos volvimos al barco, lo descargamos y llevamos los caballos a la plaza de toros. Me quedé con dos compañeros para cuidar de ellos. Estuvimos muy bien porque salíamos a pasear siempre que queríamos y eso que ninguno de nosotros tenía dinero. Estuvimos allí de lunes a viernes. Por la noche partimos para Mahón.

-2 de juny de 1922:

Llegamos en sábado de Pentecostés, por la mañana. En el muelle del puerto de Mahón nos esperaba un gentío inmenso. Desde el barco vi mis familiares que habían venido a esperarme (falta mi madre que sigue enferma). Muchos llantos y abrazos, lo mismo que en Palma. Una vez todo listo, formamos y nos llevaron al Casino Consell donde nos dieron un almuerzo. Terminado este acto me dieron 8 días de permiso y a las 5 de la tarde llegaba a Ferrerías. Tuve que bajarme a la entrada del pueblo. Allí encontré al señor alcalde y a los dos sacerdotes, entre otra mucha gente. Me acompañaron hasta mi casa. Allí encontré a mi pobre madre muy débil, mucho más de como la dejé meses atrás. Nos abrazamos los dos y no sé cuanto tiempo estuvimos sin decir una palabra. No hacíamos más que llorar.

-3 de juny de 1923:

Es fiesta de Pentecostés. A las 12 vino la música a hacerme una serenata y creo que la seguía medio pueblo. Me dieron muchos vivas y en casa siempre estaba lleno de gente que venía a verme y a felicitarme.

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